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Mi cosecha

Dedicatoria a las almas retornables

Hay algo que siempre he tenido claro, muchas veces en la vida en lugar de caminar hacia delante perdemos el tiempo trazando círculos. Nos regodeamos en los resquicios de ‘lo que fue’ y nos olvidamos de ‘lo que será’. Caemos en la telaraña del eterno retorno, esa regresión necesaria que cada cierto tiempo nos hace las veces de aspirina en caso de mareo.

Sin darnos cuenta, nos encontramos sentados frente a la pantalla del televisor viendo la temporada recauchutada de House –nos sabemos los capítulos de memoria-, o llorando de nuevo con “La vida es bella”, o quizá leyendo por enésima vez ese volumen de Reverte que nos traslada a una trinchera que ya hemos trillado en variopintas ocasiones. La cuestión es volver, revivir, sentir las sensaciones olvidadas que una primera vez quizá pasamos por alto. Y es que es posible que con este ritmo de vida necesitemos siempre segundas oportunidades para saborear y sacar todo el jugo a la vida. Lo bueno es que cada día estoy más segura de que afortunadamente esas segundas oportunidades la mayor parte de la veces llegan. Si, el eterno retorno.

Los amigos, si realmente lo son, te dan nuevas oportunidades. Los amores malogrados, a veces no se suben al primer tren, o si lo hacen, esperan en la siguiente parada a que se levante el telón de un segundo acto. Las series, si han de ser míticas, nos persiguen ocupando distintos papeles según el momento de  nuestra vida en el que aparezcan. Las canciones nunca mueren, mueren las cintas, los discos de vinilo, pero la memoria no falla y ese revival –tan de moda en estos tiempos que corren- se convierte en el abanderado de nuestras bandas sonoras.

Y dentro de este círculo vicioso, abogo por salir del ‘otra vez’, por abandonar la tediosa rutina. Aunque la vida nos regala personas y situaciones inevitables, siempre es posible reservarles una hoja en blanco, meterlas en una botella y tirarla al mar para que las olas se la beban en uno de sus iracundos arrebatos.

Guardo un recoveco en el alma
Que recuerda tu cara
Como nadie la vió
Río ,lloro y paso de todo
por el bien de los dos

El eterno retorno es también inevitable, siempre pensé que estaba ligado al destino aunque ahora comienzo a dudarlo.

Si nos ha de suponer una sonrisa, vivamos ese retorno. Si ha de hacernos llorar, el día que llame a nuestra puerta, es mejor echar la llave.

EN VENTA

Las noches cada vez son más cortas. Tanto robarle minutos al sueño, que el sueño se apodera de mi vida cada segundo de mi existencia. Y es que si quieres trabajar (en exceso, como es mi caso), tener una mínima vida social –para que tus amigos no olviden tu cara, tu sonrisa, el sonido de tu voz (en mi caso lo de olvidar el sonido de mi voz es más complicado…)- , leer, escribir y dedicarte tiempo, sin olvidarte de ti mismo, (hasta ahí todavía no he conseguido llegar) pues tienes que saquear tus noches o mal vamos. Y tanto robo a mano armada puede terminar pasando factura. Puede que llegue un día en el que simplemente no puedas levantarte de la cama. Hoy ha sido ese día y lo peor de todo es que la cura de sueño ni llega, ni tiene visos de llamar a mi puerta en breve.

Un amigo, de los que siempre valoró su tiempo de ocio por encima de todo, me decía el otro día que había claudicado a la trampa de esta rueda infernal. Y si él ha claudicado, mal vamos.

¡¡Massnu!! ¡¡¡Resiste!! Sin ti me quedo sin referencias. Una vez te dije que cuando decidiera disfrutar de la vida te llamaría… ¿A quién voy a llamar ahora?

Y la realidad es que la alternativa es demasiado descafeinada para valorarla siquiera. Una vida con colchón, con pijama de franela pero sin condimento me deja con hambre.

Precisamente hoy, cuando mis huesos, mis músculos y mi cerebro estaban a punto de pulsar la tecla de ‘off’ ha llegado esa chipa que activa mis entrañas para seguir luchando en esta jungla.

El cámara y yo caminábamos por uno de los centros comerciales de esta ‘entrañable’ ciudad cuando una mujer ha proferido un tremendo grito.

 

“¡Dios mío! ¡Eres Adriana!... ¿Tú sabes la cantidad de buenos ratos que me has hecho pasar? ¿Sabes las reuniones familiares que ha habido en mi casa en torno a la televisión para verte en tus entrevistas y reportajes? Eres un tesoro”

 

Me ha dicho. Me ha plantado un par de besos y un abrazo. Y en una semana sensible como ha sido la presente, este momento me ha tocado la fibra. Una vez más, he sentido el cariño de la gente. Este trabajo tiene esa recompensa, personas que te abrazan sin conocerte porque les has hecho feliz en algún momento de la semana, del mes o del año.

 

Sin embargo, lo que necesitas es el abrazo de esa amiga que ayer te estuvo esperando casi una hora porque tenías que hacer una entrevista, ese chico con el que te mueres por tomar una cerveza y tu crucigrama calendarizado te lo pone crudo o esa incondicional que lleva casi un mes conformándose con tu voz telefónica. Hoy yo me vendo por ese abrazo. Hoy pongo en venta mi tiempo, mi sonrisa y mi resistencia porque no tengo dinero para pagarlo.

Parece que mi camara lenta
Ya perdio la cuenta
Y no esta contenta
Mi muñeco vudú
Se perdió en la tormenta
Con mil alfileres clavado
En mi corazón en ventaa
Que nadie viene a comprarlo,
Mi corazón en venta.

TRISTE REFLEJO

Te miro de soslayo, intento leer en tus ojos

y me choco con un espejo

en el que solo veo el triste reflejo

de los míos llorosos.

Mármol en tus caricias

un abrazo que detiene el tiempo

pero las manecillas avanzan

y se besan a las doce

reflejadas en tus ojos negros.

Unos ojos que lloran

porque un segundo extingue el beso

y aparece el fantasma de tus miedos

la palabra sin frase de tus versos

la memoria sin tiempo de tus sueños.

Ese cielo lanza brazos invisibles hacia mi

¿Quién celebra hoy en día su santo a parte de los pepes, jorges (tener fiesta cada san Jorge marca mucho…), águedas…? En realidad yo estuve durante años buscando mi nombre en los calendarios santeros sin encontrarlo. Queda claro que Adriana no es un nombre bíblico y que quizá nunca ninguna tocaya mía fue lo suficientemente buena para que la canonizaran. Tendré que hacer méritos para ser la primera…

 

El caso es que mi abnegado padre siguió buscando y, según él, lo encontró. El día 5 de marzo, festividad señalada en esta ventilada ciudad, aparecía en un roído calendario como “Santa Adriana”.

No sé si yo tengo el perfil de una diosa griega, pero desde luego mi nombre si lo tiene. Ariana o Ariadna era considerada como el prototipo de la feminidad y del trabajo, una especie de “beata”(feliz) de la antigua Grecia. Significa santísima o castísima. Mira por donde que me gustaron todas estas definiciones y voy a terminar apropiándomelas...

 

Y llegó el día 5 y mi santa debió de revolverse en su santuario porque casi nadie se acordó de mentarla. Estamos en época de crisis; crisis económica, crisis de valores, crisis sentimental y los santos ya no son lo que eran. Digo casi nadie porque la vida siempre se guarda alguna bala en la recámara y de vez en cuando dispara. Santa Adriana disparó, e hizo un triple 20 en mi diana particular. Gracias, no puedo decir mucho más, hubo tiempos en los que aún cantábamos.

 

Cambiando de tema, ayer seguí con mi aprendizaje musical particular. Bebiendo de mis amigos y robándoles momentos aptos para una media sonrisa, como siempre. Llega un día en el que no te apetece especialmente pelear con las estrellas y simplemente te dejas llevar. Y si encima te enseñan que esta noche es ’la’ noche, o que mañana puede ser un buen día, pues mejor que mejor.

 

"Cuando escapas de la rutina descubres que todo es relativo. Además tú eres buena tía y tía buena..."

 

Me decía ayer una amiga desde otras latitudes. Tendremos que hacerle caso.

Todos estamos en el mismo barco y en definitiva, aunque cada uno tenga sus puertos particulares, navegamos bajo la misma ciercera. Hoy prometo bajarme en vuestro puerto y ecomendarme a estos planetas.

 

 

Y quiero que sepas
que espero que acabes
colgando de un pino
cuando veas lo imbécil que has sido,
cuando veas que lo has hecho fatal.

(Muy escatológico, si señor...)

Voy a decirte que no, a ver si de una vez, consigo que te cueles en mi cama...

...Sembraré la confusión
si tu plantas la hiel
y ambos dejamos de andar por las ramas

Hay veces que tenemos que rendirnos a la evidencia. Cuando algo te lo repite mucha gente…tendrás que empezar a pensar que quizá llevan razón. Más aún si quien te lo dice pertenece a ese reducido grupo de amigos que ha estado más o menos tiempo a tu lado disfrutando de tus virtudes y sufriendo en silencio tus interminables defectos. Al grano… Si por algo me he caracterizado siempre es por mi pésimo gusto musical. Por pereza, por dejadez o simplemente por falta de interés, la banda sonora de mi vida se limitaba a la radio, y si podía ser en castellano, mejor (así no había que esforzarse en entender nada).

Mis pobres y sufridores amigos andaban fritos todo el día intentando culturizarme mínimamente, tarea que se antojaba ardua y complicada. Algunos claudicaron (Mary, ya lo siento), otros nunca cesaron en su empecinamiento (te lo agradezco Jauma, siempre nos quedará el Candy). Pero es ahora, cuando menos tiempo libre tengo y más lo necesito, es ahora cuando he empezado a escuchar cosas nuevas. Más vale tarde que nunca, se suele decir.

Puede que esto sea consecuencia de una desbordada necesidad de escapar de la tediosa rutina. Dame una canción nueva y te la pago con una sonrisa. Dame una letra que me enganche y te debo media vida. Regálame una melodía que marque el ritmo de mis sentimientos y bailaré al son que tú me digas.

Es como pasar de alimentarte de comida basura a saborear un jabugo de pata negra. ¿Terminaré volviéndome músico-sibarita?

Y en esa búsqueda, no buscada, del sibaritismo llegó él. Llegó Rafita. Llegó Rafa Pons. Me lo descubrió un negrito batango, que a su vez lo había bebido de alguna trinchera escoltada entre lejanas murallas. Nada más paladearlo supe que bien podría alimentar mis días y también  muchas  noches. ‘Romper el hielo’ cuando te invade la rabia, ‘suponer’ cuando te puede la melancolía, volverte ‘un poco idiota’ cuando llegan esas irresistibles olas de ñoñería o morir ‘en el 2º acto’ cuando cae el telón y arrastra tus últimas esperanzas. Con Rafita he vivido últimamente todo esto y más.

Y por azares de don destino Rafita aterrizó en Zaragoza el 27 de febrero para “insistir” en mi vida. Llegó, vio y venció, no sin antes padecer una de mis despiadadas entrevistas.

Queda mal decirlo, pero por una vez mi amor propio me llevó a prepararme un cuestionario que luego, ni de lejos, fui capaz de seguir (de nuevo aquí he de agradecer al atrincherado en la Perestroika su ayuda en las labores de documentación y producción, sin ti nada hubiera sido igual).

“No te puedo decir si mis letras son o no autobiográficas. Perdería todo el misterio. Quédate con que las que hablan de historias rebeldes quizá no vayan conmigo y viceversa…”

Claro, Rafita, claro…pero a mí me gustas más así, algo canalla…

“¿Podrías hacerme un favor? Es algo personal. Rafa, por favor, ¿serías capaz de romper el hielo conmigo?”

Cara de susto, rápida reacción y, cómo no, rafita me destroza el corazón al oído, rompiendo el hielo.

“¡Dios mío!, tu ya me conocías, ¡te sabes mis canciones!!"

Y no soy la única, hay más sibaritas que beben de tu música canalla.

Y esta entrevista llegaba con premio, llegaba acompañada de más de una hora de concierto. Entre cerveza y cerveza, sonrisas, alguna foto…Rafita dejó pocos temas a la imaginación. Uno tras otro fue desgranando canciones de su anterior disco ‘mal te veo’ y del nuevo ‘insisto’. Por fin le pude ver en directo bailando su ‘mala puta’ y, por fin, puede comprobar que la humildad no está reñida con ser un puñetero crack.

Nos vemos de nuevo Rafita, en tu próximo concierto, pero aunque te toque la barita mágica de la suerte no abandones estas pequeñas salas, nos gusta tenerte cerca. Nos gusta paladear tu deje de truhán melancólico cuando hablas de Julia Roberts, pero cerquita, sin tapujos.   

Voy a pasar de salir,
Por qué prefiero entrar
Donde tú elijas, yo nunca me quejo.
Sólo habrá que decidir
cuando pueden pasar
mis yemas, niña, por tus recovecos.

Un Oscar...sin azúcar, por favor

Esta noche muchos se van a quedar sin dormir y no precisamente por los carnavales (y eso que yo posiblemente tendré pesadillas después de ver esta mañana a toda la población zaragozana concentrada en el Paseo Independencia con unos ropajes cuanto menos curiosos –uno tío hecho y derecho vestido de abeja maya seguramente protagonizará mis trastornos del sueño esta semana…-).

Pero no, la cita con el insomnio en esta ocasión está en Hollywood. Se entregan los Oscar y nuestra ‘Pe’ está nominada a mejor actriz de reparto. Precisamente esta era la pregunta de mi encuesta de calle esta semana en Adoquines. “¿Cuál es su quiniela ganadora? ¿Penélope si, o Penélope no?”. A mi sinceramente me importa bastante poco. Siempre he pensado que los Oscar son al cine algo así como Eurovisión a la música, y prefiero ahorrarme mi opinión sobre Eurovisión. Lo siento si hiero susceptibilidades, pero como opinar es gratis… Sin embargo, a raíz de esto he recordado una conversación que hace muchos muchos años tuve con una de esas amigas del alma. “Amiga de la infancia”, como dice ella.

 

“Si ahora mismo te concedieran un sueño, ¿qué pedirías?

Está claro, que tontería, pues ganar un Oscar o un Goya en su defecto, porque con mi inglés…

¿Y tú?

Pues yo quiero ganar un Pulitzer

 

Ella estudió psiquiatría, yo, químicas. Ella se fue a Madrid y allí ha buscado eso que tanto deseaba, una oportunidad para sacar ese ángel que yo se que tiene y que lleva dentro. Yo dejé una vida hecha y organizada para dedicarme al periodismo. Ella sigue buscando su oportunidad, yo intento aprovechar la mía.

Y ahora, recordando aquella conversación con la perspectiva que te da la vida, se me escapa una sonrisa. No se si se nos puede tachar de ilusas, de ridículas o de estrafalarias. Quizá preferiría pensar que somos soñadoras, estúpida y a la vez maravillosamente soñadoras.

Y es que, al igual que opinar, soñar también es gratis.

Digo esto una tarde de domingo, con un lunes complicado por delante. Complicado porque a veces hay gente que quiere cobrarte tus sueños, hacerlos pedazos.

Pero bueno, un lunes siempre esconde la promesa de un martes. Y el martes nadie impedirá que yo siga soñando.

THE RANGERS

Siempre se había comentado en la tele, “Paquito es un crack, canta de miedo”… pero como todo… tú ves el fuego pero no te percatas del incendio hasta que te arde la cabeza. “Adri, que canto este finde” “Adri, que nunca vienes a verme”… Año y medio compartiendo producciones televisivas, unas veces infructuosas, otras tremendamente rentables pero de cantar, nada de nada. Es lo que hay cuando se tiene al genio en casa.

Pero un buen día, sin demasiada premeditación, la verdad, Paquito cantaba con “The Rangers” en el café Dublín y allí estábamos todos. Sinceramente, aquella noche yo no esperaba nada de ese concierto. Ni mucho, ni poco, simplemente no me lo había planteado. Pero el señor Cester saltó al escenario como un ciclón, con una energía que electrificó a toda la audiencia, con una determinación arrasadora y con una voz que me heló la sangre. Y así, con la sangre helada y la boca abierta escuché las cesterianas versiones de Satisfaction, Stand By me…Todo un regalo el que nos hizo este hombre que lleva media vida pisando escenarios y garabateando poemas que harían palidecer al mismísimo Sabina.

Y como todo lo bueno engancha, Paquito también nos enganchó. Y al poco tiempo hubo que repetir y beber de nuevo del elixir que nos da este artista, productor, poeta…

La cita en esta ocasión era en el Prior. Esta vez sí sabía a lo que iba. Sabía que la voz de Paco haría temblar hasta la última mota de polvo del garito. Sabía que se me erizaría la piel y sabía que iba a emocionarme en el preciso instante en el que nos dedicase alguna canción. Y como lo sabía, había que hacerle un pequeño homenaje. Una cámara, un micro y un reportaje para este curioso sabio de la vida. 

 

PD: Enganchada como estoy, hay que repetir. Allí estaré de nuevo, entre tu fiel audiencia. Las operaciones pasan Paquito, pero la voz nunca desfallece, la voz estará siempre ahí. Recuperate pronto para seguir cantándome al oído.

Te vendo un corazón...

Venga, vamos, hoy es San Valentín. Por cientos, por miles o por millones se pueden contar todos aquellos que van a pasar del día entero columpiándose entre corazones, como en un baile de ilusiones. Los hay grandes, pequeños, más o menos horteras…el caso es que los hay por todas partes. Corazones que decoran escaparates, ilustraciones… Corazones que han escapado de algún baúl de los recuerdos. Y es que, cuántos son los que entierran su corazón en lo más recóndito de la memoria y un 14 de febrero cualquiera lo rescatan para hacer el paripé. Cuántos los que ni sienten ni padecen, pero saben fingir estupendamente.

Precisamente hoy, es el día del teatro callejero. Esos actores de la vida y del amor hoy tienen una oportunidad para representar el papel del mes y, si te descuidas, el papelón del año. Y no te engañes, éstos no están sobre las tablas de un teatro, los tienes a tu lado. Dejan que la vida pase. No aman. No sufren. Desde luego su existencia no es precisamente una montaña rusa. Pero llega San Valentín y, por supuesto, cumplen con lo que mandan los cánones. Lo peor, que si no eres un poco inteligente te crees su farsa.

Con esto no quiero destrozar a machetazos las ilusiones de aquellos que todavía creen en príncipes y princesas.

Ya no te tengo miedo
nena, pero no puedo
seguirte en tu viaje.
Cúantas veces hubiera dado la vida entera
porque tú me pidieras
llevarte el equipaje.
Ahora es demasiado tarde, princesa...

Con esto no quiero decir que no haya historias verdaderas dignas de desencadenar ríos de tinta. Con esto no quiero ser abanderada del desamor o inducir a una dolorosa incredulidad. Todo es posible. Pero quizá, estas historias hoy no estén celebrando el día de San Valentín, seguramente no lo necesiten. Porque sus protagonistas no son burdos actores, sus protagonistas estarán subidos en la montaña rusa de la vida preocupados por no perder el rumbo.  

Yo hoy me conformo con estar subida en esa montaña rusa. Sufres, amas, ríes… pero lo más importante, sientes cada uno de los segundos en los que te deslizas a cien por hora por sus siempre tortuosos raíles.

Feliz día de San Valentín.

ES OTRA HISTORIA

Si algo tiene de bueno ejercer de periodista (no digo serlo, porque todavía no tengo muy claro qué quiere decir eso de ‘ser’ periodista) es que cada día te encuentras con historias que no son la tuya. Esos momentos en los que huir de ti mismo se hace necesario, es bastante agradable tener otras vidas en las que zambullirte. Es como cuando navegas entre las páginas de un libro, haces tuya una vida que no te pertenece. Y el periodismo es como las novelas, lees y lees en las mentes de otros. Puedes dejar tu loca cabecita para otro día.

Concretamente esta mañana hice una entrevista que como terapia no estuvo nada mal. Un hombre que ha vivido, como él dice, llenando su mochila de experiencias y sensaciones, cual inmigrante. Y ahora, tras muchos  años ejerciendo el periodismo, se siente satisfecho. Y es que esta mañana he conocido un poquito más al poeta, escritor (y mil definiciones que nunca terminarían de retratarle completamente) que trajo de Galicia su deliciosa prosa. Antón Castro es gallego de nacimiento pero su corazón está aquí, en Zaragoza. Por amor se quedó a orillas del Ebro (un beso bien dado lo retuvo más de lo previsto  en esta ciudad) y por amor a esta comunidad autónoma ha trabajado duro para dar a conocer todo lo que de cultura y arte podamos esconder los maños.

Su historia es una de esas que merece la pena adoptar en momentos de crisis. Dice que adora su profesión porque le permite descubrir algo nuevo cada día. Ama a todo aquel que tenga algo que aportarle. Ama la fotografía, porque en ella la realidad detiene su tiempo. Y es que si de un vicio se le puede acusar es de intentar capturar la realidad en una instantánea, en un relato... Dice que como buen gallego es un ‘contador de historias’, y yo me quedo con la suya. Yo me quedo con el placer de haber entrevistado a una de esas personas que te enseñan con cada respuesta. Me quedo con la suerte de haber podido vivir hoy su historia y dejar la mía para otro día.

Dulce introducción al caos

Una de las sensaciones que a mí siempre me ha parecido más excitante es la que te produce el llegar a una ciudad nueva, completamente desconocida, arrastrando tu maleta de ruedas (importante que la susodicha maleta sea de ruedas porque si no más que excitante, es un auténtico tostón…). Y me refiero a ese primer momento de un viaje. Ese en el que tienes por delante todo un mundo por explorar, como una dulce introducción al caos.

"Se rompió la cadena que ataba el reloj a las horas,
se paró el aguacero ahora somos flotando dos gotas,
agarrado un momento a la cola del viento me siento mejor,
me olvidé de poner en el suelo los pies y me siento mejor.
volar...volar"

Hace unos años, cuando el tiempo libre aun no era una utopía, tenía un grupo de amigos con los que compartía exclusivamente esto. Con ellos cogí un avión y me fui, sin apenas dinero, a Senegal. El momento “ruedas” allí fue espectacular. Era como si acabáramos de aterrizar en otro planeta. Montar en una patera para alcanzar la Isla de Goré (claro, no había dinero para el ferry), bailar al calor de una hoguera, bajo la luz de la luna, danzas africanas con una tribu o comer tiéboudienne con las manos (me invitaron a compartir velada con una familia senegalesa pero para ellos los cubiertos son bastante prescindibles), son algunas de las cosas que difícilmente podré olvidar.

Lisboa representa otro de esos momentos “ruedas” para la posteridad. Lo fue tanto, que estuvimos arrastrando las maletas durante horas hasta que encontramos el albergue más barato de la ciudad. Punto desconocido de partida y locura temporal, o atemporal… Convertidos en una pandilla de hippies recorrimos cada recóndita esquina de la ciudad de Pessoa. Fue algo así como hacer turismo en verso echando mano de la prosa cuando el alcohol emborrachaba nuestra capacidad de rima. ¿Cómo pudimos terminar tocando el yembe con unos tipos de Cabo Verde en un garito inmundo en lugar de escuchar fados vestidos de etiqueta como el resto de los turistas? Cosas de la locura transitoria, o atemporal, mejor dicho. Por primera vez en mi vida caminaba con el absoluto convencimiento de que no corría ningún peligro, con aquellas pintas era materialmente imposible que nadie nos atracase. (Tendré que probarlo en Zaragoza).

¡No: no digas nada!
Suponer lo que dirá
tu boca velada
es oírlo ya.
Yo oí lo mejor
de lo que dirías.
Lo que eres no viene a la flor
de las frases y los días.
Es mejor de lo que tu.
No digas nada: lo sé!
Gracia del cuerpo desnudo
que invisible se ve.

(F.Pessoa)

Mañana, lunes, no hay momentos “ruedas” en el horizonte. Solo hay un calendario con infinitos días laborales dándose codazos, son tantos que no caben. Y yo definitivamente necesito uno de esos momentos “ruedas”, respirar un aire desconocido, con gente desconocida, con un horizonte desconocido. Necesito alimentar mis recuerdos, empacharlos de nuevas sensaciones. Quiero escaparme de aquí y seguir dando vueltas.

Érase una vez...

Últimamente me despierto sobresaltada, odiando ese estridente rin rin rin que me taladra las orejas. Otra vez me he comido la noche con patatas, otra vez se me han atragantado esas 8 horas necesarias (según dicen los que creen conocer a la perfección la anatomía humana). Lo que ellos desconocen es que yo necesito ese precioso tiempo para hacer otras cosas, véase pensar, leer, escribir, escribir, escribir… Y es que creo que la primera vez que cogí un lapicero para retratar mis pensamientos en un folio en blanco tendría algo así como ¿10 años?. En aquella época mi padre me regaló un diario rosa diminuto con la esperanza, supongo, de que le dejase tranquilo durante varias horas al día. Y dio resultado, vaya si lo dio. El ser hija única es lo que tiene, no hay hermanos a los que sodomizar de manera que hay que buscarse la vida. Y yo me la busqué navegando entre las páginas de aquel diario rosa. El ángulo superior derecho de cada página lucía un enorme punto positivo o negativo en función de cómo hubiera ido el día. En aquellos puntos positivos creo que ya despuntaba la loca que escribe 20 años después. Luego vino otro diario, y otro, y otro, hasta 7 más. Era el regalo estrella de cada navidad, un diario. Horas y horas de reflexión bajo una tenue bombilla, con Toni Aguilar amenizando la jornada. Tan solo aquellos amigos de matrícula de honor tenían la llave para bucear por alguna página e incluso dejar su sello. Los puntos positivos dejaron paso a una vida relatada con mano firme y mente nublada. Pero ahí queda, relatada punto por punto, coma a coma.

Los blogs eran algo impensable en aquella época, los foros una utopía. Los teclados por aquel entonces tenían la batalla perdida ante las plumas o los lápices mordidos y desgastados… Y ahora, las cosas sin duda han cambiado. Perdí la cuenta de los días y noches que han pasado reconduciendo el rumbo, pero la conclusión es que, de una manera u otra, aquí sigo. Cambié mi diario rosa, por un blog rosa (no es premeditado, lo juro). Cambié, cambié y cambié y como ese eterno retorno, aquí sigo.

Hoy preparando un programa al que mañana van a sacar mil pegas, viviendo la cultura zaragozana para contársela a los demás tal y como yo la veo, haciendo reportajes que no verá mucha gente, pero seguro que hacen feliz a alguien. Aquí estoy, escribiendo por necesidad. No se si gracias a aquel diario rosa que un día me regaló mi padre, o por culpa de algún gen desviado que me ha convertido en una auténtica “sin remedio”. Aquí sigo, escribiendo de baloncesto, de tiro con arco, de esquí, de lo que haga falta. Lo importante es que, sea con pluma o con teclado, aquí sigo. Y hoy en día eso de seguir no es ‘moco de pavo’. Seguir es todo un logro. Seguir es ganar la partida cada día, cada minuto, cada segundo. Cierra los ojos, tira los dados y que nadie se quede con tu partida. Azar, suerte o empecinamiento, da igual, lo suyo es seguir colgada de la luna.   

JUGANDO CON LA LUNA

He cerrado mis puños y, con toda la fuerza de la que soy capaz,

 he golpeado las estrellas.

Detrás de una de ellas, jugando al escondite,  estabas tú.

Agazapado, paciente, taciturno,

esperando  el momento de conquistar tu luna llena.

He vuelto a cerrarlos, golpe seco, certero, profundo

y allí, seduciendo a la dama de la noche, estabas tú.

Embebido de su fragancia,

absorto en la palidez de su desnuda sonrisa,

 enamorado de un agonizante ocaso, estabas tú.

Amanecerá, y el crepúsculo matará tu luna nueva

pero yo cerraré mis puños, golpearé fuerte,

y haré tambalear el mismísimo horizonte hasta que vuelva.

Y tendrás tu luna, tendrás tu ocaso, tendrás tu noche

y me tendrás a mí detrás de una estrella,

jugando contigo al escondite hasta que amanezca.

SAN VALERO ROSCONERO

Felicidades a todos los Valeros, Valeras, Valerianos/as y similares. Desde que tengo uso de razón este ha sido un gran día. San Valero es estupendo, si, pero a mi sinceramente me importa un carajo… La realidad es que este día suponía un agradable paréntesis en la semana y podíamos dormir un poquito más. Últimamente, el patrón de mi querida ciudad ni siquiera me traía estas alegrías. Ser periodista implica trabajar  también los festivos, pero este año ha habido muuuuuucha suerte. Aunque por alguna extraña razón San Valero ya no va asociado con la palabra ‘dormir’.

El precioso tiempo, otra vez la palabra tiempo acapara mis más oscuras obsesiones, me sigue ganando la batalla. Y ahora San Valero es un aliado en ese pulso a muerte a las traidoras manecillas del reloj. De manera que se ha convertido en una de esas oportunidades para ensalzar la palabra amistad  y hacer un maratón ‘amiguil’, un empacho de buenos recuerdos, risas, nostalgias, que a veces son mejor medicina que diez mil sobres de ibuprofeno de 600 mg (lo siento, aún soy química…). Tras escasas 4 horas de sueño, así tengo esta cara de capullo (en el buen sentido), he recibido mi dulce sobredosis.

 

Primero te encuentras con una de esas sonrisas que forma parte de la historia de tu vida, ¿algo así como 26 años? Y resulta que le ha crecido la barriga. Y resulta que mientras yo me empeño en ganarle esta estúpida batalla al tiempo, su barriga me hace recordar que las cosas importantes no se miden con un reloj de arena. ¡Mierda! ¿Cómo puedo ser tan tremendamente descastada? “A dios pongo por testigo” que voy a seguir esa barriga, aunque tenga que hacer un puzzle de mil piezas con eso tan ajeno a mí llamado ‘tiempo libre’. Después, la dosis de carcajada mi SOS personal. Claro, en el día del Santo también tenía que estar ahí. Tu vida da diez vueltas de campana, haces el pino sin manos cuando tu sentido del equilibrio amenaza con dejarte con el culo al aire y ahí está, cuidando que no te partas la crisma.

“¿Un vermú?

No, no, un mosto, mi sangre no tolera más alcohol…”

Media sonrisa…

Y una laaaaarga charla. Adoro a San Valero. ¿Por qué seré agnóstica si los santos nos dan tantas alegrías?.

Y un recuerdo, el dedicado a la gente que me hace sonreír. Esa gente que me invita a levantarme cada mañana ‘sin cara de acelga’. Esas personas que consiguen que cada día, o al menos un ‘de vez en cuando’ que al final se convierte en un ‘a menudo’, sea como un San Valero más. No es fácil parar el tiempo, no es fácil ganarle la batalla, pero a veces hay gente (maravillosamente curiosa, lo curiosean todo, si) que hace que todo se detenga.

Me tendré que rendir a la evidencia y darle las gracias a San Valero por exisitir…       

 

“Juntos coleccionamos derrotas

botellas vacías

y puestas de sol”

 

 

BURLANDO A DON DESTINO

"No Quiero Crecer
Cambiemos nuestra forma de vivir,
vivamos sin pensar qué pasará,
miremos al mañana sin oir,
las voces deprimentes,
gritando en nuestra mente.

El tiempo es un regalo sin abrir
la historia la que tú quieras contar
el juego del destino fue elegir
tus ojos de repente,
brillando entre la gente.

hoy todo vuelve a sonreir."

Yo nunca he querido crecer. Nunca tuve demasiada prisa en desenvolver el precioso ‘regalo llamado tiempo’. Pero claro, la alternativa …. “Vive rápido, muere joven y deja un bonito cadáver”…

Y así, viviendo deprisa, pero huyendo de cadáveres (que dan mal fario), pasan los días. El segundero avanza sin tomarse un solo respiro por el tortuoso camino de nuestro destino. Y entonces yo lucho por ralentizar esos segundos, por embotellarlos y lanzarlos al mar antes de que se consuman. Pero arden tan rápido, la llama prende y no hay nada que hacer. Vuelan. Se escapan. Se escurren entre las olas, aunque hayas logrado atraparlos. Así que es mejor que te vayas reconciliando de una vez con ese destino, porque va a estar ahí, lo quieras o no.

Hay quien piensa que cada uno va confeccionando su propio destino, como si se tratara de una figura de lego gigante que nos han dado despiezada. “Puedes construir la figura de lego que tú quieras”, dicen.

El destino es el que baraja las cartas, pero nosotros somos los que jugamos.

William Shakespeare

Y luego está la teoría de que cada uno tenemos trazado un destino al que sucumbiremos sin remedio. Como un sello de identidad, un desenlace al que llegas sin premeditación.

A menudo encontramos nuestro destino por los caminos que tomamos para evitarlo.

Jean de la Fontaine

Yo soy más de esta última opinión, pero sin rendirme a ninguna evidencia. De hecho, si mi destino me espera, debe estar mareado y al borde de la paranoia. Dando vueltas y más vueltas, con esos giros de 360º que caracterizan mi existencia, intento burlarlo, sacarlo de quicio. De momento, vivo deprisa, pisando el freno cuando puedo y sacando la lengua a esa ‘necesidad’ que alguien escribió por mí, sin que yo se lo pidiera.  

 

La habitación de las muñecas de trapo

Tu calor irrita mi calma, tu llama enciende mi llanto,

tu fuego quema mi alma, tu pasión mancha mi manto.

Manto de lágrimas vivas, vivas de tanto y de tanto,

de tanto ver como mueren, hechizos de luna

hechizos de encanto, de encanto dulce y sincero.

Mas tú no sabes ahora, que yo por ti tengo miedo,

miedo de perder algo, que no se si tengo, o si quiero.

Es mi particular visión del dia de hoy, mientras disfruto de la que fue mi habitación (Importante señalar que Alejadro Sanz, y esta canción en concreto, marcaron la banda sonora  de mi vida durante muchos de los años vividos en esta habitación llena de muñecas de trapo). Y, como diría Escarlata O’Hara, "mañana será otro día" seguramente más animoso que hoy y "a dios pongo por testigo" que mi próximas intervenciones serán más positivas, estoy trabajando en ello.

 

CON EL 'NO' POR BANDERA

Generalmente te levantas por la mañana y haces lo de todos los días, no pensar demasiado y concentrarte en no llegar tarde. Pero resulta que después de un fin de semana, cuanto menos, intenso quizá, y solo quizá, te dé por ponerte a pensar. Y así, pensando, llevo todo este maldito día. Y digo maldito porque mecida por la insulsa rutina me sentía mucho mejor.

A veces, pararse es como un puñetazo a bocajarro. Como un aguijonazo cuyo veneno te hace ser clarividente y enfrentarte a la realidad, a tu realidad. Después de pasar viernes, sábado y domingo trabajando de sol a sol, de luna a luna, de estrella a estrella y tiro porque me tocanecesitaba el puñetazo, el aguijonazo y es probable que algún golpe más. He intentado echar la vista atrás y recordar cuándo fue la última vez que desconecté, cogí a  mis amigos e hice algo diferente a trabajar durante más de cinco horas. La respuesta, fácil, no me acuerdo. Y, ¿ahora qué? 

 Pues ahora vienen los interrogantes, ¿merece la pena? ¿Compensa? ¿Me estoy equivocando? Y aquí, todavía no tengo respuestas. Dicen que la felicidad son pequeños momentos, pequeños instantes que juntos se convierten en un tesoro enorme. Entonces yo soy feliz, tengo muchos de esos. Lo malo es que esta depredadora profesión no me deja compartirlos con casi nadie. Maldita vocación. Maldita vida que se me come los días sin dejarme disfrutar ni siquiera del postre.

Hoy de nuevo he sentido esa necesidad de escapar del mundo, de huir a una isla desierta, pero claro, allí habría demasiado tiempo para pensar y no estamos para eso.

De momento hoy solo estoy para escuchar algo que me atrape otra vez. Que no es poco.

 

 

ODA A LOS COMBATIENTES

Una de mis labores diarias en esta tarea periodística que me ha tocado en suerte desempeñar es salir a la calle y ‘asaltar’ a la gente con preguntas a veces tontas, a veces mundanas. Y cada día, mi sorpresa es mayúscula al descubrir que en la calle se tiene ganas de hablar. La gente es ingeniosa, la gente es terriblemente divertida y la gente, casi siempre, me deja una anécdota, un recuerdo que guardo en el saco de todas mis experiencias. Esta semana la pregunta es sencilla; ¿cuáles son sus buenos propósitos para este año 2009? Y nosotros pensamos… a preguntas típicas, contestaciones tópicas…pues nada más lejos de la cruel realidad. La gente ya no quiere dejar de fumar, ni adelgazar, ni empezar a ir al gimnasio. Estamos en crisis y eso lo saben hasta los bancos de madera en los que se sientan los jubilados a cavilar. Resulta que el mayor anhelo con el que me he encontrado, una y otra vez, esta tarde es “mantener mi trabajo” o “encontrar un curro para dar de comer a mi familia”.

Antes uno trabajaba por derecho, ahora puede uno andar derecho sin consigue trabajar…Una intentaba ser graciosa en la susodicha encuesta, pero hacer chiste de la necedad que vivimos es una tarea para profesionales.

Y entonces, me he parado a pensar, en que narices estaría yo pensando cuando dejé mi contrato indefinido de “señorita potingues, con un sueldo más que digno, una estabilidad que quitaba el sueño a las marmotas y un horario de los que figuran en los convenios laborales. Quizá sea la más inepta del universo o la más loca. Quizá la única que cambiaría el rancio abolengo de un laboratorio por estas encuestas de calle, edulcoradas con un sueldo de sacarina (porque no llega ni a terrón de azúcar). Y más en estos tiempos de crisis en los que todos sueñan con lo que yo un día tuve. Pues señores, yo a este año 2009 le pido seguir soñando aunque sea con sacarina. Yo no quiero un trabajo, yo quiero ‘el’ trabajo. Yo quiero hacer lo que siempre soñé. Yo quiero seguir peleando en esta guerra repleta de combatientes que cada día me llenan de orgullo y de un profundo respeto. Esto es una oda a todos los periodistas, al menos a todos aquellos que han nacido con la vocación de contar y comunicar.

 

SOLEDAD

Una vez Marilyn Monroe dijo algo así como que “la soledad es como estar en una fiesta en la que nadie te hace caso”. También hay quien dice que “más vale estar solo que mal acompañado”. El gran pirata de la poesía hecha música, Joaquín Sabina, dice “Y algunas veces suelo recostar mi cabeza en el hombro de la luna y le hablo de esa amante inoportuna que se llama soledad”. Son las 7 de la tarde y desde mi cama contemplo cómo la tarde consume sus últimas cenizas y pienso, ¿será así la soledad? Y qué más da como sea. Qué más da, si mañana en la vorágine de mí día a día se me va a olvidar. Qué más da, si cuando vuelva a tenerla delante, tan clara y luminosa como ahora, tan solo me quedarán unas pocas horas para disfrutarla.

'DULCE' NAVIDAD

Te levantas por la mañana, o al menos lo intentas, y descubres que solo quieres vomitar y dejar que tus músculos maltrechos dejen de torturarte. ¿Gripe?, quizá...Acaba de comenzar un nuevo año y se supone que debes estar feliz y contento. Con ese espíritu "post navideño" que te invita a llenar tu vida de nuevos propósitos, ¡y un cuerno!. Yo siempre he tenido pánico a las navidades, un odio irreflexivo. Y este año, la guinda del pastel. Además de cansada por ésta necesidad de ser feliz solo porque al corte inglés, a los fabricantes de turrón y algún insensato más, se le antoja, además, me pongo mala. La verdad es que ’mala’ en estas fechas me pongo siempre. Me refiero a mala leche y tristeza (creo que esa felicidad ajena desbordada y falsa, claro, me afecta bastante). Siempre he pensado que yo sonrío cuando me dá la gana. Si eres tonto y te dejas llevar por la inercia del consumismo, no tengo la culpa. Pero lo de este año ya se pasa de castaño oscuro. Estoy mala de verdad, con virulencia diría yo. Por lo menos tengo una excusa para poner la cara que me apetece, que es la de acelga consumada. Y si tengo que buscar otro punto positivo a esta situación, algo dolorosa en lo que a mi pobre cuerpo se refiere (he de reconocerlo), añado que bucear por la web, leer horas y horas y escribir aquello que bulle en mi interior, no es la peor manera de pasar las navidades. Quien sabe si al año que viene encargo otra gripe para sobrevivir a este duro trance...

OTRA VEZ

Ya que de nuevo tengo un ordenador, cosas de papá noel, y que puedo escribir a mi antojo cuando quiera, aquí estoy otra vez. Hoy comienza el año 2009 y quizá un horizonte lleno de sorpresas, quien sabe. De momento, ésto es lo único que se me ha ocurrido hoy:

Si tuviera que perderme, lo haría en la sabia tranquilidad del olvido,

si tuviera que olvidarte, lo haría perdida en tus recuerdos,

si tuviera que recordarte, tu prosa sería el bálsamo de mis sentidos.

Una voz, una pluma, una cadencia que altera mi camino,

una sonrisa, una mirada, la indiferencia que me abrasa,

que me quema , que me arrasa en cada uno de los días que te olvido.

Y sueño que el futuro desconoce tus silencios,

y sueño que el silencio, no responde a tus versos perdidos,

y sueño que lo escribes, no lo dices. Y sueño contigo.